Un voluntario sin nada que perder
Antes de tener cualquier poder, Robert Reynolds era un hombre roto. Creció huyendo de un padre violento, escondiéndose en su propio cuarto, y de adulto se hundió en la adicción a las drogas. Cuando apareció la oportunidad de entrar en un programa experimental, aceptó. No tenía mucho que perder.
El programa era el Proyecto Sentry, a cargo de O.X.E., una empresa ligada a Valentina Allegra de Fontaine. La idea era repetir, con una variante del suero del supersoldado, lo que había funcionado con Steve Rogers. Los demás voluntarios murieron. Bob fue el único que sobrevivió.